Introducción y Prólogo
o
Prolegómeno Sobre Este Libro y las Aventuras e Historias Que en él se Describen
El presente se trata de un compendio exhaustivo que procura recopilar, analizar, catalogar y preservar íntegramente la serie de fragmentos orales y escritos que documentan el extenso historial que ha acumulado a lo largo de los años la tortuosa vida de la recipiente del texto. Es ella el principal objeto de estudio de este tratado, el cual sin embargo procurará narrar cada episodio desde una perspectiva en segunda persona, para propósitos estéticos y funcionales. Es necesario aclarar desde ya que, siendo esta la primera edición del volumen, éste sólo concentrará su extensión en los últimos cuatro años, si bien es éste un período demasiado difícil en términos de complejidad, densidad y trascendencia como para ser descrito aquí completamente. Por tal, los autores optaron por una narración ecléctica, rapsódica,y vertiginosa para entregar a la lectora un manual elemental a la hora de comprender, de forma íntegra e historiosófica, su presente, a través de la rememoración caleidoscópica -literaria y visual- de su pasado, para así formarse progresivamente una nueva percepción de su futuro, todo eso apoyado en la reordenación de su perspectiva intrapersonal.
Sin mayor preámbulo, comienza aquí el viaje en el tiempo y el espacio hacia la vida misma; la vida toda y la vida simplemente, desde el momento en que la compartimos.
I.
De la llegada de la Santiaguina y otros inicios y finales
Fue el año 2011 testigo del comienzo de varios procesos, muchos los cuales fueron terminando en los años posteriores. El inicio de la enseñanza media, junto con la maduración progresiva y colectiva de todos los que vagaban por los pasillos del tercer piso -también inauditos-, eran esperados y temidos por todas las caras conocidas por los que llevábamos ya años entre las mismas paredes. Mas no fueron sólo hechos nuevos a los que tuvimos que acostumbrarnos.
Una oleada de inmigrantes vino a agitar las cosas allá por marzo de ese año, confundidos ellos y los que los recibían, un poco aletargados por la preadolescencia en todo su hormonal y experimental esplendor. No eramos pocos en ese entonces los tímidos: exiliados de la vida por tantos años que ya asumían que el mundo no les había dado permiso para existir. Tanto era así que hasta esos días, pocas y hasta ninguna habían sido las damas que agraciaran la existencia de los perdidos. Hasta ese momento.
Y claro, no era de extrañar entonces que a la hora de almuerzo de uno de los acalorados días de la primera semana se reuniera un círculo rodeando a una niña sutil pero sonriente, de pelo castaño oscuro y ligeramente ondulado, que apoyada en uno de los postes del casino saludaba indolentemente. Y no, ninguno sabía que por dentro estaba harta del universo en toda su extensión, que no quería estar ahí y que sentía que le habían arrebatado varios trozos de su vida sólo porque si. La ironía de ese pensamiento sólo se puede pensar ahora que el proceso es inverso y ella no puede evitar sentirse un poco vacía, un poco anclada a aquel pueblo infernal por el cual lloró tantas noches aquel verano aislado. Pero eso nadie tiene cómo saberlo. No, claro que no.
Irónico también hubiera sido para el observador casual notar que aquellas partes de su vida que ella extrañaría tanto por tantos meses la habían arrastrado a un modo de vida bastante peculiar para su tiempo y lugar, y que a medida que ellos fueron desapareciendo así también su heterodoxia. Pálida, con el pelo tapando su frente, reservada pero al mismo tiempo coqueta con los pueblerinos perplejos, escuchando música espacial y teniendo opiniones de puño cerrado, cayó como un meteorito en el escenario de más de una vida.
Una de esas vidas fue la que la saludó ese día, aprendió su nombre y no se separo de ella en meses. Caminatas bajo la lluvia en el bosque de otoño, conversaciones por messenger en invierno, correr junto a la carretera en primavera y vagar entre flores y escalar las piedras en verano, fue suficiente para limpiar la mente de ella y enhebrar la de él. Aprendiendo a escribir y tocar y querer, sobreviviendo a ellos mismos y a los fallidos amores de infancia, muchos de ellos cruzados y tendiendo al llanto mutuamente consolado, fueron pasando las noches hablando y escuchando música juntos. Y luego todo desembocó hacia aquel verano perfecto.
Fue en esos días de estar acostados viendo el sol bajar y pensar sobre el futuro que todo se volvió eterno. Blazonaron sus lazos los eventos de octubre, los primeros intentos de amor por parte de él y la primera desolación que ella sintió al respecto. Días complejos, que avanzaron turbulentos hasta aquella semana hace casi exactamente cuatro años. Esos días sólo basta mencionarlos para recordar la sensación.
- §-
Fue el 2011 un año en el que terminaron muchas cosas, varias de las cuales extrañamos. Pero fue también el inicio de muchas, una de las cuales es la que te hace leer esto: nuestra amistad. Que no se te olvide el 2011, porque fue donde todo empezó. Recuérdalo cuando sientas que las relaciones son eternas, que los cambios no pueden ser buenos, que el amor de pareja lo es todo, que estás sola, porque fue ahí que aprendiste por experiencia que nada de eso era tan cierto, que con un poco de ayuda podías brillar y tu sonrisa podía existir en ti y mi. No lo olvides.
II.
Azul tristeza, verde perdido, amarillo pálido y rojo pasión
A lo largo de los progresivos y sinfónicos meses del 2012 se fueron orquestando las personalidades de cada uno de nosotros, nuestros colores. La melancolía doméstica que se apoderaba esporádicamente de nuestros días lluviosos, o los suspiros nocturnos que comenzaron a volverse más profundos. En todos nosotros.
A través del capítulo uno se omitió a propósito la primera andanada de noviazgos por parte de nuesta improbable heroína, la cual evidentemente jamás ocultó tu afición por los placeres de la vida. Cada uno de ellos será recordado, así como serán recordadas las primeras noches bohemias, saliendo por primera vez juntos y descubriendo la magia del etanol. Es una de esas noches, una de las más sanas, que es digna de mención particular a propósito de la intención de este texto.
Fue una despedida antes de un viaje a Canadá, una noche relevante por muchas razones. En primer lugar porque marcaba los últimos días en que estaría ahí. En segundo porque coincide con alteraciones en los círculos de amistades de todos, hecho que terminó acercando a la viajera a una nueva amiga, una de las pocas junto con otro sujeto que han mantenido su filantropía impertérritamente.
Luego el viaje, el cual fue como dejar la amistad en el congelador o el horno porque no la afecto en lo más mínimo. Ni siquiera las llamadas en skype ni ciertos otros detalles pertinentes tuvieron mayor impacto, como se vió en la recepción nocturna en la plaza Ñuñoa. A pesar de los regalos... poco ortodoxos. Si propició, sin embargo, un nuevo noviazgo, el cual a su vez desembocó temporalmente en el stretto y final de una época.
Eran mediados del 2013 cuando, en las vacaciones de invierno, un viaje colectivo a la capital con apariencia pueril se ganó el puesto de memorable. Y sí que lo era, aún comparado al primero, un tanto desgastado por los raspillones que ha sufrido con el tiempo. En esos días vagando por calles de neón de luna a luna, sin dejar de moverse sino para primero llorar y luego vivir, fueron tantas las cosas que sucedieron que no sirven los adjetivos para ello. En el momento de escribir esto resultan curiosas las similitudes con el presente. Pero esas analogías se las dejo a la lectora y a su juguetona imaginación. Lo único seguro es que fueron noches intensas, de esas que quedan grabadas en la memoria y la piel. Tanto así que uno acaba usando bufanda. Terrible.
Al terminar las vacaciones todo entró en un sopor constante, como el de los domingos al mediodía, que se apoderó de todo y no lo soltó hasta mucho después. Fue bajo esa nota que acaeció el verano hacia el 2014, año en el cual apenas comenzó a insinuarse un viento nuevo y viejo al mismo tiempo, que venía a reiniciar el ciclo.
III.
Desapariciones y desesperaciones
El comienzo del fin nos golpeó en la consciencia desde las primeras semanas del año. Tanto así que las conversaciones se dilataron hasta durar meses, y la amistad se entibió. Sólo era en las abundantes fiestas que todos lograban verse, abrazarse y conversar, si bien en la práctica eso rara vez llegó a pasar. aún así, fueron días brillantes, forjados paralelamente y que terminaron de construir quienes son todos hoy.
La presión eterna y constante nos destrozó, a algunos más que a otros, hasta llegar a convertir a los más desafortunados en auténticos fantasmas. Resulta curioso notar ahora, en retrospectiva, como se desarrollaron los hechos en función de aquellas noches en vela, ora estudiando, ora distorsionando. De una u otra forma, el año acabó, se hicieron los ritos, se bebieron los tragos, se firmaron los papeles y se acabó gran parte de lo que en el primer capítulo se escribió. Pero no todo.
Es necesario comentar ahora que la paulatina escasez de material es de esperar, y que no es negativa en ningún sentido. Sólo es menester de los protagonistas llenar ese vacío con los días restantes, y de la lectora continuar con el proyecto.
Primera edición, 30 de enero de 2015
© 2015, Javiera Schälchli
c/o Esteban Figueroa & Asoc.
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