Pilares dóricos, blancos como la cal, enormes y fríos, dulces como una roca...
Soplidos compactos, suaves y tímbricos, sincopados, largos y tendidos...
-¿Qué estás haciendo aquí? Se suponía que estabas haciendo cosas más importantes que escuchar disminuidos.
-No se como llegué aquí... sólo estoy de paso.
-Oh, ¿En serio?
-Si, nada de pensamientos rebuscados ahora, estoy concentrado en la realidad que está aquí, y el tiempo apremia.
-Pero aún así sigues aquí.
Pentatónicas verdes, octavas martillantes, fuego tibio bajo las almenas doradas... o algo así.
Valses perturbados, segundas menores y novenas bemoles, ritenutos, ritardandos y rallentandos... no hay ninguna diferencia.
Oh, ninguna diferencia.
...ninguna diferencia entre el canto llano de La Catedral y las cuerdas de la Puerta Del Vino.
(No estoy de humor para el barroco acomplejado.)
Ironías, glissandos y arpeggios compuestos.
¿Cuándo fue la última vez que estuve de esta manera? No recuerdo... ¿Y tú?
-Nope, tampoco.
Bueno, después de los stringendos y la modulación al relativo menor, eventualmente vendrá la cadencia a la tónica original. De eso estoy seguro.
Al fin y al cabo, siempre es así. Sólo que no nos damos cuenta.
Ah, sólo quisiera no estar tan solo aquí.
Esperen, no lo estoy.
Y no, no me refiero a ti, genio.
-¿Eh?
Pues si, me refiero a ella. Ella, muy señor mío -la melodía parece acompañar su entrada, dulce como una canción popular en 7/4, muy apropiado, en Fa mayor, corcheas dulces y diatónicas). Nada más y nada menos que la misma que hace ya más de un año. Supongo que ya estás al tanto de todos los hechos.
-Por supuesto que no. Ya que no lo repites a diario...
-¿Fue eso un sarcasmo?
-No...
No importa. Si bien tengo combustible de sobra -reanudación al tema principal, coda en 10 compases más- estoy considerando abandonar este ensimismamiento onírico. No es bastante útil que digamos.
Esto es la verdadera ausencia de productividad -La bemol aumentado recalca mi punto-...
Oh, la cadencia final... modo lidio, creo.
Salió bien.
Creo que me iré.
...
No, aún no.
Es curioso e interesante como el estilo de Debussy, al principio tan fresco y lozano, termina siendo una oscura y disonante masa de discordancias entramadas al son de un tempo a lo menos ambiguo. La tonalidad y la integridad armónica y de forma van desapareciendo junto con lo ortodoxo de su técnica, y la sanidad de su espíritu y cuerpo.
Aún así, las pentatónicas, si bien más menores que mayores, siguen constantes... eso no está tan mal.
Me veo tentado a vagar por los Études, al menos por un rato...
Eso haré, y saldré lo antes posible.
Estos escenarios no son tan amigables, ni al oído ni al pensamiento.
Pero sigue siendo Debussy puro, aunque entintado, nada de Stravinsky...
Gah, será mejor que me vaya... cuántas cuartas...
Podría jurar que escuché politonalidad, arritmia y compases de amalgama...
Cuánto pedal, las disonancias se comen entre ellas...
Gah.... maldita melodía... los dos compases más deprimentes y asoladores del día.
Y más encima termina en la dominante... como la Élégie...
Oh, recuerdo eso...
-Yo también.
Cómo olvidarlo, claro.
-Digo, fue la última pieza que escribió antes de su muerte, desolado por los asesinatos y bombardeos de la Gran Guerra.
-¿Miedo?
No, es sólo que no suelo escuchar lamentos para los muertos, compuestos por muertos. Además, esas quintas bemoles son perturbadoras...
Ya, suficiente.
Me voy de aquí.
Adieu.
-Bastardo.
...última nota: dominante.