jueves, 27 de diciembre de 2012

Cuasinanestesia IV

Préludes de Claude Debussy, Libros I y II (extractos)

Es sorprendente la cantidad de imágenes e historias que caben en sólo dos libros...
No me atrevo siquiera a intentar describirlas todas... son demasiadas...
O... lo son...?

Callejones ibéricos siendo atacados por contrapuntos floridos de guitarrones secos en medio de la ardiente noche andaluza...
Excéntricos militares ingleses y sus himnos optimístas y paradójicamente acompañados de acordes de novena menores -los cuales suenan hermosos-...  Sus banderas ondeando al viento... pentatónicas mayores sonando positivas, nobles y tranquilas, como una tarde en el campo...

Nieblas indefinidas ahogando el sonido... iguales en sonoridad y acento, más irregulares en ritmo...  cinquillos y bitonalidades que esconden en su nebulosa y vaga interioridad sombras indefinidas... la ambigüedad de tonalidad no hace sino aludir a lo ambiguo de las figuras tras las brumas... gris mezclado con negro, insinuando cosas que resultan no ser nada en realidad... Acordes mojados.
Hojas muertas, parduzcas y crujientes, a la orilla del camino yermo y abandonado, bajo árboles rectos y serios intentando ocultar con sus ramas desnudas el encapotado cielo otoñal... siendo barridas por la suave brisa, volando y arremolinándose en conjunto bajo la monótona y escasa luz, fría y lentamente...

Almenas borrosas en las alturas de fortalezas una vez árabes, ahora llenas de hombres blancos, el sol abrasador chamuscando la poca vegetación que logra apenas sobrevivir en las zonas de guerra de los moros... escalas disminuídas contrastando con el firme ritmo de los soldados de los reyes católicos...
El viento soplando incesablemente sobre praderas inhóspitas, agitando sin piedad las hierbas y helechos mientras las nubes negras se avecinan...
Hacinas contemplando el amanecer, el heno cambiando sus matices al recibir la luz matutina, reflejando destellos en su rocío, admirando el verdor de los campos cuán cuadro de Monet...

Nerviosos oficiales, acordes aumentados progresando disfuncional, cromática e irregularmente, notas de gracia, cambios de matiz intensos en un scherzo que suena como si hubiese acabado de comer... con un agradable final en Fa mayor
Terrazas llenas de cortesanos sin cara, a la luz gris, blanca y malsana de una luna clara pero que no ilumina, evocando imágenes no menos pétreas que las del mismísimo Satie... octatónicas escalofriantes...
La conocida Catedral, emergiendo de las profundidades serena pero violentamente, inexorable, modos dorios evocando las campanas y su repicar en medio de los arcos ojivales, el organum gregoriano resonando en todo su esplendor cada vez más forte, los monjes estirando sus gargantas hasta llegar hasta el estribillo mixolidio, sonoro y brillantes en su registro más alto, fortissimo, basso continuo en Do mayor, acordes paralelos en admirable esplendor, espantando las palomas de los enormes techos de la Catedral, la luz entrando en miles de colores por los vitrales gigantescos... luego, una vez que todos se hayan ido un modo frigio resolviendo en séptimas dominantes paralelas concluye, dejando todo en silencio, la catedral volviendo a las profundidades tranquilamente... recapitulando, resolviendo y volviendo a la tónica repetitivamente... hasta llegar al pianissimo lecho marino...

Una violenta tormenta destrozando casas sin difficultad, disonante y estruendosamente... tritonos y segundas menores (o novenas bemoles, como prefiera el lector), seisillos de semicorcheas a intervalo de octavas... acordes colapsados describen un escenario de destrucción y violencia intensos... me llega a doler la cabeza... es más, me duele tanto que tendré que dejar de escribir por un momento... te odio, Ce qu'a vu le vent d'ouest...