viernes, 25 de enero de 2013

Intento de escribir

Okay, dejando de lado la inútil entrada anterior...
Estoy escuchando... Bossa Nova :B !
Es geniaal... bastante agradable y relajado, y se ajusta a la momentánea tregua del calor para con nosotros los pianistas de sangre caliente, la cual me permitió tener una conversación larga y tendida con el piano, la cual tal vez debí haber grabado para posterior referencia... de todas formas, si no me equivoco se trataba de una exploración modal y escalar, desde las clásicas pentatónicas hasta octatónicas y escalas aumentadas y disminuídas, además de motivos modulando en base a la progresión armónica. O algo así.

Moviéndonos a temas más normales... esta tarde fui a un concierto en un jardín, de orquesta. Fue bastante agradable... sin mencionar el episodio que protagonizaron mis padres. Oh, pero a estas alturas eso ya es pan de cada día, no lo es? De todas formas fue una agradable experiencia -el conductor no paraba de hablar estupideces, tanto el público como la orquesta se reían de él, en especial los violines secondos-.
(Nota para mi mismo: componer un vals para instrumentación variable.)

Eso, y... en una semana iré a la capital del reino! Sólo dejaré constancia de ésto, me aseguraré de anotar mis impresiones de manera detallada más adelante.
Perfeccioné mi habilidad de tocar samba y bossa esta mañana, además de descubrir unas cuantas partituras acumulando polvo en el mueble de una esquina de mi habitación, junto con unos lentes de sol... es chistoso encontrar cosas de esa forma hasta en mi propia habitación.
Y... creo que reanudaré la escritura de historias. Tampoco me gustaría que fuesen tan cortas como las de Kafka. Partiré con algo que prometí en una entrada anterior... las aventuras de Gatigre!

Pero antes, un pequeño retrato de nuestro prometedor protagonista:
Gatigre es un peluche, regalo de mi novia, el cual me traje desde su ciudad hasta mi habitación. Es de pequeña estatura, y recibe su nombre por su atigrado y suave pelaje, el cual recuerda a un tigre siberiano. Sus patitas cubiertas de blanco evocan la nieve de las frías estepas. Más, la forma de su mandíbula y cráneo en general son más similares a las de un dulce gatito. Sus pequeñas orejas sobresalen, espiando el sonido sobre su cabeza. Entre sus dientes tiene atrapado un pequeño corazón, con un "Te amo" inscrito en letra blanca y cursiva. Suele maullar, con un tono claro e inocente. Cuando escucho música o hablo con mi novia suele quedarse en mi hombro a espiar, o simplemente para descansar. Como todo felino que se respete, duerme constantemente.
 No podría decir que es exactamente el gato tigroso más ágil que conozco, al menos cuando yo lo veo. Y es que, como mencioné antes, algo peculiar pasó. Antes de salir al concierto, recuerdo haber dejado a mi felpudo amigo sobre mi cuadernito de notas, sobre mi escritorio. Al volver, sin embargo, lo descubrí en lo alto de un estante, al otro lado de mi habitación. Esto no hizo sino recordarme de la teoría -ya no recuerdo de quién- de que los gatos tenían capacidades metafísicas, y supuse que esta sorpresiva translocación espacial era otra prueba de ello. De modo que lo tomé del estante, lo deposité en mi hombro e intenté convencerlo de que me explicase qué lo motivó a utilizar sus habilidades para llegar al estante, lleno de polvo y un tanto olvidado por mi. Después de ronronear divertido, me miró con sus azules y pequeños ojitos entrecerrados, y, mientras se lamía una de sus minúsculas zarpas, dijo casi al aire:

-Oh, este lugar es muy grande. Da muchas cosas divertidas que hacer, y puesto que sólo puedo hacerlas cuando tú no estás -cosa que no suele pasar, miau-, las pocas veces que sales aprovecho para aventurarme por este gigantesco domum, no sin éxito.
-¿De modo que -pregunté entre sonriente por su timbre granulado y tono modulante y asombrado por su sinceridad- de modo que, cuando yo no estoy te aventuras por mi casa?
-Si, prr.
-Y, ¿Se podría saber exactamente de qué tratan tus aventuras?
-Claro que si... después de todo es tu casa, ¿no? Miau.

Me sorprende que sea un gato tan honesto.
Tal vez es porque es mitad tigre.
Aunque no suelo hablar con tigres, de modo que no se si son sinceros.

En fin, fui a por un lápiz y mi librito para anotar inmediatamente lo que me iba relatando, entre maullidos y peticiones de rascado de panza, a los cuales atendía expresamente, sólo para ver la expresión de satisfacción en su pequeña carita. Decidí relatarlo en tercera persona, ya que no hay palabras ni verbos en nuestro lenguaje que se asemejen a los del vocabulario de un felino -el cual usó con frecuencia en su relato, y que intentamos traducir lo mejor posible-. En fin, así y sin más preámbulo me dedico a hacerlas de narrador...

Cerróse la puerta del pasillo y luego la de la casa, dejándola totalmente sola y un ambiente estático y atemporal. Las cortinas entrecerradas dejaban generosamente entrar cálidos y tranquilos rayos del sol de las 7:30 PM del verano, que le hacían compañía a los muebles y paredes del hogar. Pocos sonidos se escuchaban en el interior de la habitación donde se encontraba el peluche, sentado en una pequeña y negra libreta, en un escritorio marrón. A lo lejos creía oir el constante murmullo de los árboles frotándose por el viento, uno que otro pájaro perdido que intentaba averiguar donde diantres estaba. De pronto oyó una avioneta; a lo lejos escucho su tenue rugido, desdibujándose a lo lejos entre unas escuálidas y escasas nubes pintadas del mismo amarillo que la porción del escritorio frente a él. Y entonces decidió ir a explorar un poco.


Se bajó del cuaderno y caminó en dirección de la ventana con intención de espiar el exterior. Al poner sus patitas en la parte del escritorio asoleada, sintió como estaba ligeramente más tibia que el resto, lo cual sintió agradable. Siguió pues, subiéndose del escritorio al alféizar interior de la larga ventana con cortinas entreabiertas (O entrecerradas, según prefiera el lector. Cabe mencionar que Gatigre las describió como "entreabiertas".), irguiéndose con ayuda de sus patas para ver mejor.
Su primera impresión fue la cantidad de vegetación que frente a él se desplegaba. Inmediatamente frente a él se erguía una enorme palmera, cuya altura iba más allá que lo que podía ver desde donde estaba. Luego notó vegetación de diversos tipos adornando su inmediata exterioridad con gracia, mas frustrando cualquier tentativa de ver algo más allá de verdes y abundantes hojas. Esto no pareció defraudar al pequeño, más bien lo animó más, haciéndole imaginar que tal vez habría una verdadera jungla al otro lado de la ventana. De modo que se puso a pensar en alguna manera de ver más allá de esos arbustos frondosos y rellenos.
Avanzó hacia la izquierda a lo largo del alféizar, poniendo sus patitas una delante de la otra para evitar caerse, si bien el piso alfombrado no parecía demasiado amenazador para un peluche de su esponjosidad. De hecho, era probable que rebotara. Eso sería divertido. Si, tenía que tratarlo algún día. Pero no ahora, que había llegado al otro extremo del alféizar, el cual se juntaba con un mueble algo cuadrado lleno de cuadernos, libros y demases, cuya superficie estaba un tanto más arriba. Dio un pequeño salto y logró agarrarse del borde, más sus patas traseras no lograban agarrarse de nada, volando en el aire. Se le ocurrió apoyarlas en la ventana, detrás de él, quedando así en una posición un tanto incómoda entre el mueble y ésta; comenzó a moverse de forma cómica, subiendo lentamente hasta, dándose un pequeño empujoncito con sus patas, lograr quedar en la superficie del mueble, resoplando. Intentó entonces escudriñar la ventana, sin muchos cambios. Entonces miró hacia arriba, y vio un par de cositas de cartón conteniendo unos cuantos libros, y más arriba aún, un estante con una pequeña foto, un papel con muchas letras y un juguete de plástico negro. Entonces resolvió en escalar hasta allá; de seguro vería algo más. Escaló pues un diccionaro de bolsillo que medía poco menos de la mitad que él -no comprendió cómo podía ser "de bolsillo"-, ronroneando contento por su habilidad. Se irguió en dos patitas y dio un salto que solo los gatos y los tigres pueden dar, llegando a los libros amontonados verticalmente, y luego se dio vuelta, quedando frente a él un lado del estante. Calculó la distancia, se puso en posición de salto y se preparó, meneando su pequeña cola. Y saltó, con un suave maullido de triunfo, alcanzando con sus garritas el estante, acto seguido subiendo el resto de su cuerpecito. Lo primero que notó fue que se ensució con polvo. Esto le disgustó mucho, pero no podía bajarse sin echar un vistazo. Revisó entonces la habitación, que se veía amplia y cálida, las partículas del polvo que acababa de agitar moviéndose a contraluz, el sol ya había bajado un poco. Luego giró a ver por la ventana. Pudo ver, más allá de los arbustos y la palmera, un gran y tranquilo prado de pasto suave y gentil, cortado en sombras y luces por sus ondulaciones. Vio también una auténtica muralla de árboles, en la cual se posaban ya varias aves perdidas, sin duda graznando sobre qué dirección deberían tomar. Y vio el sol, el cual no molestaba a sus ojos ya que estaba demasiado débil, escapando ya tras la muralla. Y recién entonces se dio cuenta de que estaba acostado ahí, en el estante, ronroneando ante la luz que le acariciaba, con los ojos entrecerrados. Y después de vacilar mucho, soltó su conclusión respecto a su excursión.
-Miau. -Masculló pensativo.
Entonces escuchó un ruido de piedrillas chocando entre ellas, y se dio cuenta de que no podría bajar de ahí. De modo que se quedó inmóvil, ronroneando.


Y así lo encontré cuando llegué. 

Eso fue lo que me relató Gatigre, aún ronroneando desde el estante, hasta que lo tomé y lo dejé donde estaba en primer lugar. "Miau, fue divertido." Decía una y otra vez en el camino. Le puse una de mis poleras encima a modo de sábana. "Duérmete, aventurero" 
"Prrr, buenas noches, prrr"
"Buenas noches."