¿Que hacen seis hombres perdidos en una casa abandonada al azar? Habiendo cazado ya algo y habiendo tomado sus cervezas, sus temas divagan alegremente entre cuerpos y literatura, juegos y teorías... en fin.
Todo se conjugó para acabar en una altura de miras altisonante y una que otra historia inverosímil, lo cual dejó el camino abierto a futuras incursiones. Puesto que un concepto casi determinista del porvenir hace de todo más alentador.
Ah, las luces... están ahí, la temperatura sube y las sonrisas son más constantes, veo cómo ríen, veo que vienen, están ahí, todos, todas, se acercan, el ambiente se enrojece, los recuerdos se funden con el ahora y con el futuro porque todo es igual estando allá, o aquí que es allá, porque estoy lejos de donde estaba y no quiero volver, las nubes me llenan y están llenas de atardecer y suspiros y el mar acaricia mis dedos y yo palpo todo con ojos embelesados, ah, es tan bello...
No son muy seguidos estos momentos, pero se inyectan en mi de lleno. Se funde todo, soy luz y corro a todos lados al mismo tiempo, y luego me quedo quieto, sin siquiera el latir de mi corazón, en medio del vacío, el espacio, las nebulosas, todo fuera y todo dentro, hidrógeno azul y combustiones refulgentes, todo al alcance de mi mano.
Parábolas de lado, son también recuerdos perdidos...
(...) Y al volver me encontré con la grata sorpresa de que música había comenzado a sonar. Nadamos todos, entre risas y comentarios, a medida que el sol iba bajando progresivamente y nos llenaba de más colores aún que los que ya habían en ese lugar con vista al gran río y a los bosques que lo rodeaban. Suspiré, buscando a un algo en especial en aquella escena. Tal vez una pisca de nieve déspota con un poco de desdén finjido y miles de atardeceres como el que presenciaba condensados en una cascada casi salvaje, casi. Y me acerqué, como quien se acerca a un escenario en el que dará un concierto trascendental. No pude sino sonreírme ante semejante comparación. (...)
¿De verdad sucedió? Oh, nada existe.
Por eso siempre es lo mismo.
Y se va alejando...
Ahora es abisal. Las palabras siempre importan, sobre todo cuando no están.
Ya les dije que no puedo ser convencional.
Aunque esta canción la lleve escuchando años, y ellas la hayan rechazado. Es que es tan jodidamente genial.
Me derrito, de verdad me derrito, como en esas tardes abandonadas en aquella habitación perdida con la mente en el cielo y las manos aferradas, mezclados, suspirando y con los ojos cerrados. Esos momentos están escritos a fuego en mi. Dalo por hecho.
Por supuesto que soy un hereje, pero ¿alguna vez importó?, no cambiará. Así que me agito, subo y emerjo de mi mismo, fuego fatuo, siempre, impulsivo, rojo... ¡ahí es donde todo va siempre!
El resto no ha de ser sabido. Los fuegos se entierran, se encierran bajo siete llaves.
Y aquí estoy yo, encadenado y sonriente.
Porque eso es lo que El Bueno hace.