La historia es cíclica, eso lo sabemos; todos tenemos un poco de Buendía en la sangre -si bien algunos más que otros, Aurelianos o Arcadios-.
Un filósofo español de cuyo nombre no quiero acordarme comentó que quienes no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo.
Estas repeticiones son tan certeras que casi, casi tienen sabor a destino. Si se ve con ese lente se aprecian tintes de tragedia griega.
Es cuestión de encontrar los patrones, ver los engranes, y se posee el don de la clarividencia.
Hay que evitar, sin embargo, poner anhelos y ansias en las predicciones: el oráculo es un espejo, no un cuadro.
"Soy tu reflejo en un espejo que aún no existe. Soy Ianus Geminus, Patulcius y Clusivius".
Eh.
Quienquiera haya estado caminando sobre mi tumba, se ha ido.
En definitiva, es la retrospección la que da paso a la prospección.
Sólo así se sabrán los designios de la Moira.
Y en caso de que el cielo se vea negro, temed, pues -según los nigromantes- es imposible doblar los hilos de la tejedora -sean rojos y orientales u blancos y de marioneta-.
Aunque...no somos Edipo ni Electra.
¿Cómo saber la fuerza de la corriente? ¿Cómo comprobar su veracidad? ¿Ha de ser verosímil, siquiera? ¿Puede forjarse a voluntad? ¿Hasta qué punto? ¿Se puede salir de órbita sin antes ser calcinado por la realidad?
No sé qué gano preguntando al aire. Ni siquiera se si efectivamente Dios no juega a los dados, si somos un reloj de bolsillo o no.
La suerte lo es todo. La suerte lo es todo. No puede ser de otra forma.
Aunque decidir creerle a Fortuna no hará que Moira deje de tener razón. Asumiendo que la tenga.
De manera que por el momento... Fortuna Huiusce Diei. Carpe diem y hueá.
No se cómo llegué a esto. Estoy perdido.
Sólo denme un par de días y estaré bien.