domingo, 26 de enero de 2014

-¿Qué mierda está pasando esta noche?
-¡No tengo idea! ¿Importa?
-Touché.
-¿Porque no mejor vas y lo averiguas tú mismo...?
No pude evitar sonreír al ver su guiño . Con las manos sueltas, me escurrí entre las luces como pude. Sentía el ruido en la piel y los colores violentos me picaban como avispas pero estaba tan dormido y tan despierto que no me importaba. Estaba vivo, de eso estaba seguro. Y estaba buscando algo.
En medio de la euforia un par de miradas se cruzaron, una de ellas la mía. Mi sonrisa se agrandó aún mas, si eso era siquiera posible. No se si fue su pelo o su dedo el que me invitó a acercarme. Pero de que lo hice, lo hice. La gente, las luces, la música, todo se movía, pero yo estaba quieto a medida que nadaba hacia ella.
Un par de segundos luego estábamos agitando como si hubiésemos estado así siempre. Un par de minutos más tarde, uno le tomó la mano al otro y salimos.
El balcón estaba iluminado apenas por las luces del interior, pero la luz venía principalmente de los edificios y la luna. Negro y amarillo, fundidos, a medida que mis dedos se ahogaban en las ondas pardas de su pelo.
Ladeó la cabeza, sus pestañas aletearon, mi mano se posó en su cintura. Estábamos conversando. Bueno, podría decirse eso.
Me dijo algo de un viaje de pocos días, le dije que estaba en iguales condiciones. Algo sobre el agua, sobre el ámbar. Era como venida de un oasis, con facciones egipcias, ojos fijos, y una figura que se mezclaba con la noche. Acaricié su mejilla sin pensarlo mucho; la noche perdona a los temerarios. Las miradas se desviaron, de los dedos a los labios. El pulso aceleró, una mezcla curiosa de sonrisa y premonición se formó en su boca. Sin respirar, estábamos bajo el agua.
Suspiros, dedos garrapateando la espalda, un vestido rozando generosamente una camisa. Recuerdo sentir sus brazos con los míos. Lo habíamos estado esperando.
Creo que eso fue lo que estaba pasando esa noche. Bueno, en parte.
Los recuerdos son frágiles a ciertas horas. Entre otras cosas.