jueves, 6 de marzo de 2014

La poesía me sale a borbotones, ebulle de lágrimas que nunca salen y cumplidos que se fugan a contrapunto cuando menos se lo espera, cuan diablillos que persiguen sólo conseguir una sonrisa más, una sonrisa porque eso es lo que hace falta para llenarme de ti.
Lamento interrumpir tu realidad con los poemas de un perdido, pero es todo lo que sale de alguien nombrado por Fortuna para llegar el eterno banderín de los del paso andante, quijotesco.
Es que al impregnarse en tantas páginas y perfumes a uno le gotean los versos, con o sin rima. Sabes como es.
Cantar sin saber cantar, que la voz se te llene de vibrato por la pura emoción y que nada importe sino la melodía salpicada de acuarela y que los dedos se te vuelvan relámpagos y los ojos se te borren y no sientas sino electricidad en cada esquina de tu pecho. Eso es lo que pasa, lo que pasó.

Bueno... ¿Y si nos movemos hacia el futuro?
*baba*

Cambiar de la madera al metal siempre es simple con una sonrisa de este calibre.
Hiperbolizo hasta los mensajes de whatsapp, esto es tan chistoso.
En una nota práctica, el colegio va hermoso. Y tiene pinta de que durará.
Funk a más no poder, ansias de volver a la escena del crimen, cometido o por cometer. No importa si es pentatónico, platónico o cromático, los minutos caen y abren paso a impulsos y es genial.
No importa repetir para los que nunca leen.
Si preguntan, lo vi en un libro.
Gente como yo no tiene acción, no, claro que no.
Yo sólo veo espejismos, no guiños a media luz.
Lo que no es sarcasmo es el interior.
Es luz en movimiento.

Oh dios, el fuego me hace tan feliz.