domingo, 12 de agosto de 2012

Noche en el mediterráneo

Esta noche me dedico a escuchar parte de mi repertorio pasivo: piezas simples melódicamente, aunque de una cierta complejidad armónica en el caso de las obras de Satie. Me pregunto como alguien de tal escasez de recursos escolásticos llegó a ese nivel de avance... sus descubrimientos creativos fueron emulados nada menos que 50 años después por el resto de los músicos, más que nada por jazzistas tales como el tío Evans.

Estos nocturnos son tranquilos, suficientemente repetitivos, y no van más allá del mezzo-forte. Inspiran colores nocturnos estándar: una gama de colores fríos, dispuesta tranquilamente en un fondo mediano y simple.

De pronto se me viene a la cabeza una idea radical: ¿Y si el décimo preludio del primer libro de Debussy se ambiente en al noche? ¿Si la catedral de Ys saliera a superficie debido a la acción de la Luna?
Todo esto me hace pensar en ideas, muchas de ellas, mi percepción de la armonía cambia completamente... ahora todo tiene sentido!
Eso explicaría también la niebla, junto con la humedad del sonido. Los acordes-campana suenan más tranquilos reverberando en las ruinas de noche. Sí, supongo que después de todo se podría considerar un preludio nocturno.

Cambiando a temas más terrenales, he estado madurando una idea bastante noble en mi cabeza. Lo cual me extraña, suelo procurar mantener mi mente profana.
Y es que últimamente no he podido evitar pensar en mi futuro, y en cómo podría llegar a desenvolverse. Me gustaría, de cierta forma, tener una especie de fin ideal, algo a lo que aspirar, una meta. Por lo general mi concepto de "futuro" no suele estar a más de un mes de distancia, pero tanto personas como eventos me han hecho darme cuenta de que mis acciones bien podrían definir mi realidad a futuro. Considerando eso, decidí que haría bien en tomar algunas decisiones desde ahora.
He evaluado una vez más la posibilidad de ser artista. Me gustaría mucho. Sé que sería difícil, pero estaría dispuesto a hacerlo. No me veo haciendo otra cosa. Además, se me ha dicho que tengo probabilidades. ¿Se imaginan estos sueños se hiciesen realidad? Sería maravilloso.
Dicen que hasta tengo pinta y actitud de artista. Qué mono.
También es digno de mencionarse que hace un tiempo ni siquiera había pensado en la idea del matrimonio.

Me pregunto cuáles habrán sido los pensamientos de los otros en este momento de sus vidas. Chopin, Debussy, Satie... bueno, a estas alturas todos ellos ya estaban definidos como músicos, pero... ¿Tenían ellos pensamientos siquiera remotamente similares a los míos? Si así fuese, no puedo sino sentirme sobrecogido por tal nivel de trascendencia. Me volvería otro Caminante más...

Quiero trascender. Quiero ser recordado. Quiero que mi arte sea admirado a través del resto de las eras.
Y así será.
Así será, o pereceré intentando.

Esta especie de promesa al Aire de la Noche sí cobrará importancia en el futuro, aún cuando en este momento estoy en medio se su alienación, además de la catarsis provocada por las melodías severas de Knossos. Esta vez tengo la convicción de que no estoy siendo afectado por delirios de grandeza, ni rastro alguno de locura. Esto es clarividencia.

Y así, nuestro barco sigue su rumbo entre las Islas Griegas. Unos anotan en papiros las formas de las Estrellas, otros cuentan historias y mitos a los curiosos. Yo me recluyo en un mástil, mirando los fuegos de la costa. Creo poder ver la Antena ahí... ¿O acaso no estaba en el Báltico?
Cortamos la noche con la proa, el capitán parece no hacer mayor esfuerzo, como si el propio mar nos moviera. Y así parecía, ya que el viento daba la impresión de estar poco menos dormido que Orfeo aquella noche: el silencio acechaba.
Pero aún así, no tengo miedo. Las sirenas no nadan por estas aguas, y yo tengo el don de la clarividencia; el silencio no puede atacarme ahora. Mi mente seguirá susurrando, divagando junto con las inexistentes nubes y los peces dormidos que alguna vez hablaron con el hombre que subió a una barca sin fondo, que habló con las criaturas del océano.
¿No crees que la costa sigue igual?
Navegábamos junto a la costa, sin encallar, rumiando las pocas olas que se acercaban, curiosas y tímidas.
Después de tres mil años, todo sigue igual. Ni una cosa ha cambiado en este lugar: todo sigue tan bello como la última vez. Ah, soy Odiseo y espero pronto ver a mi Penélope, al llegar mi barco a Ítaca. Juntos veremos el amanecer y el atardecer de cada día, y el mar nos saludará.
Veremos también las hojas caer, y a las campanas sonar entre ellas. Las promesas se habrán cumplido, los esfuerzos habrán valido la pena. Yo lo sé.

De pronto, después de haber navegado en pleno mar abierto por unas horas, pasamos frente a una isla desconocida. En ella, ruinas dorias nos miraban con aire blanco. La Luna las iluminaba con sus rayos tranquilos, y ni un alma pasaba entre los pilares destruídos. Vimos muchos edificios, todos ellos envueltos en pálida tranquilidad. De pronto oímos las campanas del mar, el templo estaba inmaculado sobre un monte. Los rayos se concentraban gradualmente en él, las puertas se abrían. De él salió la Sacerdotisa, y, mirando a la Luna, cantó.
Era un canto hermoso.
Entró al templo, se oscureció y todo volvió a las ruinas blancas.


Podría escribir mucho más, pero creo que es suficiente por ahora.