Debí no haber eliminado la maldita conversación.
¿...acaso me mentí a mi mismo igual? No escribí... o sea si, ¡pero no!
Maldita sea, ¿qué diantres he de esperar ahora?
Resulta que estoy en decadencia emocional, según mis cálculos.
Y artística también. Y "profesional".
¿Dije que había mejorado? ¡Mentira!
¿Dije que había hecho algo, lo que sea? ¡Mentira!
Puras mentiras; mi mitomanía cacofónica me hace decir cosas que hasta yo me creo, pero en lo profundo siempre tuve consciencia de que yo mismo soy una mentira: bien debí haberme mantenido como antaño, era ése el verdadero yo. ¿Cómo fue siquiera posible que yo comenzase a mentir? La necesidad, claro, la cual se vio reflejada en alguien en esas húmedas tardes arboladas. Mas, ¿Qué otra cosa iba a hacer? Era eso o nada; ya no podía seguir absteniéndome. De una u otra forma, los progresos fueron fantasmas, tal y como predije hace ya tanto tiempo.
Dejando de lado estas monotonías, creo que está de más mencionar que la angustia sigue aquí, constante.
Y se está llevando todo consigo.
Eso.