domingo, 22 de septiembre de 2013

Pizzicato contemporáneo porteño.
Pensamientos suicidas que van a parar a una persona poco probable, inusitada.
Y recibir flechas de vuelta, en contrataque sincero mientras corcheas bailantes suben y bajan pentatónicamente en un bandoneón atrevido.
Ah, esto es tan bello, es bello pensar.
Y tal vez hasta esta otra cosa lo sea, quién sabe...
¿Irracional? Mucho me parece. Pero qué otra cosa ha de hacer uno en una situación de este calibre.
Al fuego se le ha de lanzar fuego, y no fui yo el primer ultimátum.
Un combate celestial, oculto e incomprendido que se cierne sobre kilómetros y kilómetros de incertidumbre. Alienadas están todas las posibilidades, y el temor causa estragos en las antaño nobles columnas que soportaban aquella abstracta devoción.
Esto tiene muchísimo potencial. Iré cuan gladiador y combatiré para adquirir la certeza del devenir.
¡Ave Cæsar! ¡Morituri te salutant!