Son mil y un idioteces apretadas en sólo unos cuantos minutos.
Es indescriptible, de verdad me supera la cantidad de efectos que esto produce.
Te odio porque soy un fantasma.
Te busco porque eres azul.
Te extraño porque no existes.
Jamás exististe, eso no lo supe hasta que lo dijo un hombre cuadrado hace ya semanas.
Lo confieso, en retrospectiva y prospectiva nada de eso es concreto. Es sólo aire. Aire abandonado que espera ser quemado. Como fuegos artificiales.
Ah, si supieras como es. Yo no lo sé. Me pregunto qué estarás pensando tú, qué es lo que ves a través del velo de la ambigüedad. Acaso sabrás que te estoy buscando.
Se que no sabemos mucho, y que lo poco que sabes es superficial y lo que yo se oscuro, pero en la tormenta un árbol mecido de esa forma ha de ser refugio del caminante. Lo siento mucho.
Casi me recuerdas a Helena, o a una señorita cuyo nombre no recuerdo haber sabido. Cuando te veo en las cornisas, entre los árboles, junto a mi, es casi como si no lo hubiese planeado. Ah, pero siempre te encuentro en lugares diferentes, siempre con la misma sonrisa.
¿Quieres sinceridad? A pesar de todo lo que pueda decir o hacer, te seguiré buscando. De hecho, la semana pasada...
Tal vez en estos días vuelva a verte, lo espero. Si, sé lo estúpido que es esto. No me importa.
O es esto, o me quemo.