domingo, 25 de mayo de 2014

Carta blanca a todos los que aquí vengan, incluyéndome yo entre ellos.
Ya no importa, somos los mareados, así que bien podríamos irnos a la deriva.
Desde hace un buen tiempo, en realidad, involucrando escapadas nocturnas y conciertos y viajes improbables y doce globos morados y sueños de cuatro de la mañana, etc.
La cosa es que por alguna razón todo se mueve para acomodarse en la realidad, y la gente no es una excepción a la regla. Es casi como si todo estuviese premeditado para armar un puente entre aquí y donde sea que vaya acabar, física y temporalmente. Aunque desde aquí el panorama se ve agradable. Suave, bien poblado, con sombra y ríos curvos y sonrientes. No, sin náyades. O sea, si, pero les juro que no es mi culpa; yo sólo camino por aquí y por allá buscando lo que sea, menos eso. Como dije, es culpa del medio que el contador ya exceda las cinco unidades en sólo unos meses. Lo juro.
Tal vez el funk tenga que ver con eso. Y los rusos, siempre los rusos. Un par de franceses, si. Ah, y los argentinos.

Oh, no sé

Tienes que partirlo con la rodilla, Si, así. Tómalo con las dos manos, estíralo lo más que puedas. Haz como si fuese tu propia respiración. El frío se te pasará cuando entres. Acostúmbrate a hacerlo sin ver ni pensar, como cuando andas en bicicleta colina abajo, hacia el puerto, porque no verás tus manos mas que bajo la luz roja. No subas demasiado si no vas a bajar pronto, al público no le agrada. El resto ya lo sabes. Te irá bien. Ah, y aunque sientas que debes, no abras la boca. De eso se encargarán los otros. Bienvenido a la noche.

Sólo les pido un poco de imaginación.