Cuando te imbuyes en recuerdos dorados y los fantasmas de las sonrisas de ese entonces te penan sin pena, prisa ni pausa.
Éramos tan simples. Y tan felices.
Todos nosotros, sin importar nada más, nos mezclábamos con los colores y calores tranquilos de cada uno de esos solaces estivales, festivales soleados que nos congelaban en el tiempo y al mismo tiempo nos derretían hasta hacernos eternos, de manera que en una noche como esta pudiera volver a sentir el calor de tu sonrisa tan sincera, de tus ojos brillantes, de tu pelo aún mojado.
Sé que las cosas han cambiado mucho desde ese entonces, y que algunos de los de ese entonces han pasado al anonimato recíprocamente desde hace ya mucho, pero ahora viajo a ese entonces y estamos tan juntos como en ese momento, igual de ligeros, igual de anhelantes, igual de viajeros. Así era antes, y eso es suficiente esta noche.
Es que resulta difícil olvidar un vestido de verano.